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jueves, 19 de marzo de 2015

Sami, un perro clonado

Nunca había leído la obra de Arturo-Pérez Reverte... o tal vez lo he hecho en los espacios y libros de sus autores originales. De manera que me había perdido de toda la gama de lugares comunes sobre la masculinidad más recalcitrante, el esencialismo (los cojones como teodicea), el remix de Dumas (hijo) y los valores de la Hispania bronca con las que el autor de La Carta Esférica (y muchos otros títulos) condimenta su prosa para hacerla, no sé, más vendible y deliciosa para sus millones de lectores. 

Con estos mismos recursos el también académico de la RAE se apropió de un texto de la escritora Verónica Murguía.

En 1998 la autora de Loba había publicado una pequeña crónica sobre los eventos y la comunidad que se había formado alrededor de un perro callejero de su barrio, llamado Sami. El texto puede o no gustar, pero pertenece a su autora.

Poco tiempo después, Saltiel Alatriste (acusado de toda una multitud de plagios contra otros autores en años pasados, al punto de que su nombre se ha convertido en una especie de broma pesada cuando se habla de citas no reconocidas) le pasó, le contó, le enjaretó a Pérez-Reverte el texto de Murguía (esto último no queda claro pues como alter egos de valientes espadachines  uno y otro se echan la bola: Pérez-Reverte como un jefe iracundo y Alatriste como un paladín de la libertad de expresión que enfrenta en un juicio injusto). 

El punto es que el año pasado se publicó un volumen recopilatorio de textos de la pluma adjudicados a Pérez-Reverte sobre perros e hijos de puta o algo así.  Y entre ellos se encuentra "Un chucho mejicano", texto en el que Alatriste y el escritor español se curan en Herradura para contar la misma historia del perro que Murguia, sólo que con pegotes al texto original de la más pura cepa corsaria, al punto de que uno espera que en este remix se desate un duelo en la veterinaria para vengar el ojo suprimido del protagonista.

Murguía ha reclamado el plagio, y pedido de parte de Pérez-Reverte una disculpa y el retiro del texto de su libro, o en su defecto la donación de una cantidad a un refugio para perros. El español pasó de responsabilizar a Alatriste por el entuerto (“Me lo contó Saltiel” ya es un himno que sustituye las nociones de intertextualidad) a calificar a Murguía de irresponsable por hacer público semejante disparate.

Pérez-Reverte ha sido acusado en diversas ocasiones de plagios, no sólo de pequeñas columnas si no de guiones enteros. Sorprende que en la  Real Academia le hayan asignado una letra y no el lugar de la fotocopiadora. 

Para dejar constancia de lo fundado de la acusación de Verónica Murguía, Raúl Herrera realizó un empalme de ambos textos. y la editora Laura Lecuona señaló en esta versión las semejanzas y calcos en el texto de Pérez-Reverte:




No han faltado aquellos que minimizan el hecho con la cantaleta de que Paz plagió a Fulanito y menganito se aguantó, que la copia es un recurso literario validado por Borges, pero estas voces se escuchan cada vez que plagios salen a la luz y siempre que no les ocurren. Otros han señalado que puesto que Alatriste se lo contó a Pérez-Reverte este se encontraba en su derecho de hacer lo que le viniera en gana, según la Ley…

En fin.

No se trata de elegir bandos, si no de leer los textos, ver las evidencias y saber que (otra vez y en este país) alguien con todos los recursos y aliados hace gala de una impunidad disfrazada de orgullo en contra de una autora que sólo pedía croquetas para otros perros tuertos.


3 comentarios:

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  2. Es evidentemente un escandaloso y descarado plagio. No es posible que Pérez-Reverte haya simplemente transcrito una anécdota transmitida verbalmente. Los plagios textuales son tantos que seguramente el escritor español leyó y copió frases enteras de un texto publicado 17 años antes. Un caso lamentable.

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